"La perfección de la vigilancia es una suma de insidias" Foucault

martes, 9 de diciembre de 2014

NO SIEMPRE 4+1 ES IGUAL A 3+2

       Nuestro ínclito ministro de educación, cultura y deporte, ha tenido una nueva ocurrencia –o tal vez haya sido alguien de su equipo y él sólo la expone e impone-. Resulta que no le gusta el sistema universitario de Bolonia, así es que  ha decidido que va a sustituirlo por otro. No pretende ajustar aquello que no va bien, algo que sería razonable. Sino directamente cambiarlo. De cabo a rabo. Cómo. Sustituyendo los grados de cuatro años, seguidos de un máster de uno, por otros de tres años, más dos de máster. Con ello, caso de que se implantara, tendríamos algunas universidades en el país en las que simultáneamente habría licenciaturas de cinco años a punto de extinguirse, grados de cuatro y grados de tres. Y máster de uno y de dos.  
Dicen los listos de ministerio que así iríamos a la par que Europa. Que nuestros hijos tardarían menos que ahora en llegar al mercado laboral. No hay duda que resulta necesario renovar continuamente la universidad. Pero menos aún la hay de que no se pueden hacer cambios drásticos sin previamente evaluar si lo que hay funciona o no. Sin embargo, el sistema que se nos impuso hace tan poco, el famoso plan Bolonia, está tan recientito que todavía no ha dado tiempo más que a que comience a dar sus primeros frutos. Es más, universidades hay donde está comenzando a implantarse ahora. No ha habido tiempo, por tanto, para evaluarlo y mucho menos para tener una visión de conjunto. Intuimos, pero no sabemos, qué va bien, qué va mal y qué ni siquiera va. Sabemos, eso sí, que tras los grados boloñeses, los máster multiplicaron sus precios al ritmo que bajaban las becas. Se pretende ahora que estudie la mocedad tres años de universidad al cabo de los cuales en la mayor parte de las disciplinas estarán sin apenas preparar. Volverán, por tanto, pero camufladas y con nombre cambiado, aquellas diplomaturas que hubo que transformar y pasar a licenciaturas porque no había tiempo para formarse. Eso sí, los graduados con tres años, si quieren entrar en el mercado laboral, se verán abocados a realizar un máster. Cuánto tiempo: dos años. Vaya, los cinco de antes. La diferencia es que los dos años de máster costarán un ojo de la cara. Pero nadie podrá quejarse porque la enseñanza básica universitaria –el grado- solo serán tres años y, en todo caso, quien quiera máster, ya sabe: que pida un crédito-matrícula y arreglado. Así, no siendo que vayan a quebrar, echaremos en manos de los bancos a los jóvenes sin que tengan que esperar algunos años más. 
Ya puestos, alguien se ha preguntado en ese ministerio si están ahora mismo las ahogadas universidades en condiciones de asumir cambios drásticos dedicando parte de su personal a pensar en nuevos planes educativos, ofertas, estructuras, etc. Parece que no. Aún más. Se han preguntado acaso, y esto es lo relevante, si sustituir el 4+1 por el 3+2 mejorará la calidad de la enseñanza universitaria. Porque da la impresión de que lo que se persigue es meramente ahorrar por la vía de la reducción de plantillas del profesorado universitario convertido recientemente en chivo expiatorio de tantos problemas. Si, al hacerlo, se expulsa de la universidad a miles de jóvenes que no podrán pagar las desorbitadas tasas de los másteres, parece que no les importa a quienes creen que la universidad debe ser solo para una élite. No extraña, mientras tanto, que a las universidades españolas les cueste estar en los mejores puestos de los rankings internacionales: cada ministro que llega trae una varita mágica bajo el brazo que todo lo cambia y que les obliga a dedicar más esfuerzos y presupuestos a contentar a los nuevos ministros, es decir a ajustarse a las normas que cambian cada día, que a investigar o a mejorar la docencia.

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